martes, 30 de abril de 2019

¡A la gran siete!


“Al hambre de siete días, no hay pan duro.” (Refrán)

Esa frase denota una cantidad excesiva, para bien o para mal. En 1989, con el título que encabeza esta descripción, se creó una conocida murga uruguaya que perduró hasta el año 2017.

Esa cifra evoca una serie de expresiones significativas. En los relatos mitológicos y en las distintas religiones aparece con una aureola sacra. En la numerología se lo considera como un dígito afortunado y de precisión determinante. Son siete los días de la semana, los pecados capitales, las maravillas del mundo, las plagas de Egipto, al igual que los sabios de Grecia, los enanitos que acompañan a Blanca Nieves de Disney, entre otras apreciaciones.

El médico griego Hipócrates (461 a C- 371 a C) puntualiza: “El número siete por sus virtudes ocultas, tiende a realizar todas las cosas; es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la luna cambia de fase cada siete días: este número influye en todos los seres sublimes.”

En el lenguaje coloquial, en tono picaresco se alude al orificio anal protegido por las nalgas y además hay insinuaciones elocuentes como “es un pillo de siete suelas” o “navegar por los siete mares.” También, se decía y aún hoy algunos lo explican, que un siete se hace al rasgarse en ángulo recto una prenda de vestir. Ante un acontecimiento inesperado o garrafal muchos todavía suelen proferir: ¡A la gran siete!

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