Guillotina.
“El muerto al hoyo y el vivo al bollo.” (Refrán)
La sabiduría popular aconseja a quien vive que deje atrás los duelos y disfrute del presente. Pero para quien vio rodar por tierra su cabeza, segada por la guillotina, la muerte llegó en un abrir y cerrar de ojos.
Ese instrumento fue propuesto por el médico francés Joseph-Ignace Guillotin, para evitar crueles sufrimientos a los condenados a la pena capital. Se la asocia especialmente con la Revolución Francesa, periodo en el que se convirtió en símbolo del llamado “Reinado del Terror”.
En 1792 se realizó a primera ejecución, cuando fue decapitado Nicolás Jacques Pelletier por robo a mano armada. En 1793 fueron ejecutados, entre otros, el rey Luis XVI de Francia y su esposa María Antonieta. Aunque fue concebida como un método igualitario su práctica se convirtió en emblema del pánico. En Francia se utilizó hasta 1977.
El escritor francés Víctor Hugo afirmó: “La pena de muerte es el signo peculiar de la barbarie”, subrayando que esta experiencia, aun cuando esté avalada por la ley, revela una profunda carencia de humanidad.
Por su parte, en 1979, la ganadora del Premio Nobel de la Paz, Teresa de Calcuta aconsejó: “La vida es una oportunidad, benefíciate de ella”. Una invitación a valorar la existencia como don que se ha de cuidar con responsabilidad frente a la muerta, en abierta contraposición al uso de la guillotina.



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