Tregua.



 "Treguas no son paces." (Refrán)

El dicho popular lo expresa todo. Es una advertencia: las agresiones pueden reanudarse. Tomarse un respiro en las discrepancias no es una solución definitiva, pero es un alivio que ayuda a recapacitar. El disponerse a negociar en una situación de beligerancia, es un camino posible para un armisticio. 

En la Nochebuena de 1914 se dio la Tregua de Navidad, a lo largo del frente occidental de la Primera Guerra Mundial. Los soldados británicos, franceses y alemanes, por unas horas, cruzaron las trincheras e intercambiaron saludos navideños. 

El político francés Pierre Joseph Proudhon (1809-1865) alega: “La paz obtenida con el filo de la espada no es más que una simple tregua.” La imposición por la fuerza no tiene durabilidad; sólo puede ser una interrupción frágil. 

Tomarse una tregua, en el lenguaje coloquial, alude a la necesidad de un descanso para reflexionar y adquirir nuevos impulsos. El escritor estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862) advierte: “Toda nuestra vida es sorprendentemente moral. No hay un instante de tregua entre la virtud y el vicio.” Alude a que el descanso o paréntesis de acción es sólo momentáneo. 

La situación se tensa nuevamente si no se llega a un acuerdo. Lo mismo sucede en el amor, sea de pareja o de amigos. Darle tiempo al tiempo favorece a la meditación, y la paz suele ser fruto de una tregua.

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