Pisar el palito.

 


“Errar es humano.” (Refrán)

Las equivocaciones pueden enriquecer nuestra experiencia y advertirnos sobre posibles traspiés. «Pisar el palito», en el lenguaje coloquial, significa caer en un engaño o cometer un error. La expresión alude a una trampa para pájaros, en la que el ave queda atrapada cuando, al buscar alimento, acciona el mecanismo que cierra la puerta de la jaula. Así, la búsqueda de comida termina convirtiéndose en la pérdida de su libertad. 

El terapeuta y escritor argentino Jorge Bucay (nacido en 1949) sostiene: «Nadie tiene más posibilidades de caer en el engaño que aquel para quien la mentira se ajusta a sus deseos». Esta afirmación señala cómo la capacidad crítica puede debilitarse cuando una mentira coincide con lo que deseamos creer. El autoengaño aparece cuando los deseos se imponen al reconocimiento de la realidad y nos impiden advertir que aquello que anhelamos no se corresponde con los hechos. 

El filósofo chino Confucio (551-479 a. C.) enseña: «El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor». Nadie está exento de equivocaciones, pero, si el amor propio impide reconocerlas y rectificarlas, sus consecuencias pueden agravarse. Entonces, el orgullo se convierte en una trampa y, una vez más, se termina pisando el palito. 

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